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Cúsica Fest: el break necesario

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Llanto de fe moja el barro, lo sientes y crees
Mil tambores
«Mirando pal frente nadie de cuclillas
Miremos pal’ cielo pisando la arcilla
Que nadie asienta en callada agonía»
Gritando más fuerte y cantando ese día

La Vida Boheme

Hace un poco menos de una década, mientras caminaba por las calles de Santiago de Chile, sentí un frío en el pecho que me hizo detenerme. Si bien era invierno y el helado viento de la cordillera golpeaba mi cara, este frío venía directamente de mi pecho, y por primera vez en mi vida sentí que no estaba en el lugar que tenía que estar. Di tumbos encontrando un sitio donde pertenecer, llegué a México, estuve unos meses, y aún cuando el clima era distinto al de Chile el frío seguía sin abandonarme. El corazón latía distinto. Más débil. El sístole-diástole parecían haberse quedado en stand by. Nada, absolutamente nada, parecía hacerme sentir “parte de’’.

Solo una cosa podría devolverme la emoción perdida, los latidos faltantes. Me decidí y un buen día aterricé en el Aeropuerto Simón Bolívar.

Nunca me he tomado el tiempo de explicarle a nadie que ese frío que sentí en el pecho me hizo llegar aquí, y que al cruzar la aduana, sujetando fuertemente una maleta, mi alma pareció reconectarse con algo que si bien no entendía, amaba con pasión. Tampoco les he dicho que mis hijos van a ver el renacer de un país que volverá a ser grande y que serán parte de la historia, o como lo he dicho mil veces, que Venezuela es una piñata y los que nos quedamos estamos abajo dándole golpes esperando que salgan los caramelos. Esa es la respuesta que les repito a ellos -y a quienes insisten en mi desacierto de criar a mis hijos en dictadura-

Aquí hago país día a día y si bien el frío se fue, vuelve en pequeñas oleadas, para recordarme que nada puede darse por sentado. Que hay que seguir luchando, creando, haciendo, todo en gerundio.

Este fin de semana volví a sentir ambas emociones.

Foto por: Julio Lovera – Cusica Fest

Sentí lo mismo que hace una década al bajarme de un avión de Lan Chile. El calor en el pecho, el arraigo a la tierra, el saber que perteneces. Pero esta vez no venía solo de mi, éramos más de tres mil valientes que decidimos latir al unísono, tres mil almas que en 48 horas cantaron sin mayores preocupaciones. Sin miedos. Sin ataduras. Fuimos libres estando juntos, fuimos libres estando solos. Fuimos una masa que tenía congregados a quienes seguimos aquí transitando lo ‘’invivible’’ siendo arrullados por las voces de quienes tuvieron que dejar esta tierra -lo que conocen, aman, sus lugares y sus gentes- para irse a donde sea que les ofrecieran todo lo que aquí se les estaba negando. El futuro. El éxito. Los discos. Los festivales. Los bares. Todo lo que aquí -al menos hasta ahora- parecía irse apagando.

Lo que aquí hemos demostrado podemos volver a tener en un único y magnífico evento de dos días.

El fin de semana se presentaba intenso para todos los amantes de la música, pero también para todos ellos que volvieron a pisar su tierra natal.  Se iba a llevar a cabo el evento que reuniría a los mejores artistas de diferentes géneros de nuestro país a nivel mundial. Sí, el Cúsica Fest, Festival que reunió a las bandas más representativas no solo aquí en Venezuela, sino del rock en español en general.

Nacido de la interrelación entre la música y otras variantes artísticas tales como la moda, el arte, el diseño e incluso la gastronomía, se trató de un evento cuyo objetivo es impulsar los espacios, artistas y el comercio de Caracas a través de un proyecto de amplio espectro, y que sin darse cuenta le devolvió la esperanza a miles de personas que entre tierra y piedras vivieron “una burbuja” dentro de una dictadura.

Pero lo mágico era que, sin importar dónde bailaras, encontrabas amor, esperanza y por supuesto, calidad.

El evento logró convertir el pueblo de El Hatillo en el escenario único para showcases exclusivos de todo el mundo. Reunió dieciséis propuestas durante dos días en un espacio inigualable, construido únicamente para estos dos días.

El Cúsica Fest fue criticado por un poco más de 5 semanas por todo aquel que no entendió el esfuerzo que se estaba haciendo, no sólo por hacer un evento musical que el pueblo de Venezuela tenía muchos años sin ver, yo nunca había vivido uno aquí, sino por devolvernos a cada uno de nosotros: público, prensa, productores y músicos, ese país que no sólo extrañamos sino que ahora sabemos podemos recuperar.

Los que nos hemos quedado hemos llevado la lucha a gritos, con piedras y escudos de cartón, siendo derrotados una y otra vez y dejando sudor, sangre y lágrimas en el asfalto. Muchas veces la lucha la hemos llevamos también en silencio, haciendo cosas que no sabíamos con certeza si cambiarían algo, pero trabajando dia a dia por que así fuera, y eso precisamente hicieron las decenas de personas que llevaron a cabo este festival que nos devolvió la esperanza, que nos hizo saltar, bailar, gritar, amar y si, llorar.

Tengo el honor de conocer a todas las personas que hicieron esto posible, y no puedo más que agradecerles cada segundo de sus vidas que entregaron para que miles de personas volvieran a sentir lo que yo nunca dejé de sentir en este hermoso país: si se puede, poco a poco, con mucho esfuerzo, pero juntos se puede, juntos pudimos.

Cúsica nos regaló la oportunidad de tener breves conversaciones con cada una de las bandas, y si bien todos teníamos muchas preguntas yo solo quería y aun quiero saber cuales son las posibilidades de volver a tenerlos con nosotros. No solo con presentaciones como las que vivimos este fin de semana, sino la posibilidad de verlos regresar al lugar que tanto aman, a como diría Henry D’Arthenay, a su pasta con boloñesa, y construir país con nosotros, pues si logramos eso, sí podemos devolver a cada una de esas personas que tanto amamos y extrañamos, habremos vencido, y yo, yo finalmente podré dejar de contestar que hago aquí.

Cúsica Fest

Foto por: Julio Lovera – Cusica Fest

Con más de mil entradas vendidas el primer dia en menos de una hora, el Cúsica Fest demostró que en Venezuela no solo queda mucha gente que quiere vivir una vida normal, aunque muchos la llamen un burbuja, sino que con amor y dedicación si se pueden crear espacios para vencer la dictadura.

Debo agradecer especialmente a todo el staff de producción de Cúsica, al igual que cada una de las personas que nos atendió durante el fin de semana, desde las personas que nos daban antibacterial en los baños hasta los equipos de seguridad y primeros auxilios que nos atendieron en momentos difíciles, es este tipo de personas que nos hacen saber que Venezuela aún cuenta con gente buena, gente que será la clave para construir el país que queremos, dentro del país que tenemos.

Si la espera te entierra en una condena
Con palas construiré castillos de arena
Y el «¿qué pasa?» te molesta, y te pulsa el pecho como una avalancha
Y aunque a veces te moleste nunca te abandonaré
Otra vez
Tú eres mi calma

La Vida Boheme

Lola Mirt
Redacciones desde mi punto de vista de lo que pasa en nuestra ciudad y la música. Honesta, Irreverente, desafiante.

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