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Para hablar del Cusica Fest, tenemos que iniciar con un poco de contexto. Corre el año 2009. Las pollinas y peinados batidos y planchados son cuestión de todos los días. Los chamitos trendy tienen los snake bites, al menos una tendencia loca de enfermedad mental fingida y un amor por Ezzkribir azzi. Hay muchísimos pre-influencers amantes de Metroflog y aun Hi5 no muere (por completo). Los Razr siguen siendo populares, y aun Sony vendía celulares. Oh, y en ese tiempo creen ciegamente en el delineador estilo mapache, las calaveras y las muñequeras de cuadritos como algún tipo de reto al sistema.

 

Cusica Fest, el concierto más importante de la escena

 

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En ese tiempo, la música nacional era aún algo semi-underground, excepto por bandas ya establecidas. Estas la disfrutaba más la gente mayor, incluso nuestros padres. Esta cultura de personas con peinados extravagantes y modismos extraños era la cumbre de la sociedad adolescente. Se entendía que a más apretado y colorido tu pantalón, más cool eras y a más conciertos de este tipo asistías. Claro que iban a conciertos de bandas internacionales, primero porque en ese tiempo venían bandas increíbles, y segundo porque los hacía más cool. Pero estos chicos y otras culturas de los tardíos 2000 eran el combustible para la llamada “movida” nacional. 

Show Me The Money

La cosa es que nuestro talento nacional se volvió internacional gracias a la crisis y a la falta de espacio para expandirse. Del 2009 en adelante, muchos grupos se separaron, se reinventaron o solo desaparecieron para siempre en la bruma de agrupaciones que también duraron poco. Quedaron bandas y músicos, y fueron formando una nueva tendencia de movida, creando nuevos fans y nuevos ritmos. Ahora esas bandas que movieron a miles también están salteadas como sal y pimienta en el mundo, o al menos dando los primeros pasos para hacerlo. Hasta diciembre de 2019, cuando en conjunto tocan suelo nacional en lo que puede ser llamado el Woodstock Venezolano: el Cusica Fest.

Nostalgia y Arena: sinónimos en Cusica Fest 

 

El lineup es nostalgia concentrada en 2 posters. Desde la banda que escuchaba tu tío y tus papás cuando eran jóvenes y rebeldes, hasta la que escucha tu amiguita fresa alternativa vía algún convite social. Ritmos de todos los gustos se unen por dos días en un evento que promete ser tanto un generador de ronquera colectiva, como un deshidratador express (epa, a punta de lágrimas). Y aunque personas como yo estamos bastante felices al respecto (¡¡¡FELICES!!!) otros… bueno, otros no tanto.

Amigos Invisibles

Cusica Fest desde su anuncio se volvió un divisor de audiencia. «¿Cómo se atreven a hacer un festival cuando el país se cae?», «¿Por qué traen a esa banda y no a esta?», «¿De donde sale el dinero? Y un largo etc, etc, etc. En general, parece un imán de opiniones que de lado y lado, no dejan de demostrar la realidad de un país dividido por matices que se asemejan tóxicamente a la política.

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El lado más sensato de todo el asunto insiste que la música es lo que importa. Después de todo, en Venezuela se han ido apagando las luces de muchas tarimas, y se ha ido cerrando el cerco de proyectos que brindan algo más que una palmadita en la espalda a nuevos talentos. Aún viven y crecen, como lo deja en ejemplo el Festival Nuevas Bandas que es megáfono de talento nacional. Pero no es tanto como se esperaría en una nación petrolera.

Más allá del obvio problema de timing y la interminable crisis nacional, Cusica Fest tiene un reto en sus manos: alzar la barra para demostrar que en Venezuela no es del todo loco organizar un festival a medida de lo que quiere la audiencia. Después de todo, cuentan como mérito extraordinario traer en el mismo lugar a bandas como Desorden Público (que rompió la barra en su concierto en el Club Táchira en Agosto), Los Amigos Invisibles, Malanga y Tomates Fritos, fijos de los early 2000. Por eso este festival no es solo una bomba de recuerdos, si no un respiro al despecho que dejaron tantas otras bandas de la época que ya no existen o no se presentan tanto como nos gustaría. 

Más allá de la nostalgia de inicios de década, también nos trae una más cercana. Piensa en Viniloversus, La Vida Boheme, Los Mesoneros y Okills poniendo en la mesa la experiencia más reciente, con la partida de estas bandas del país como un recuerdo colectivo. Y para salpicar de modernidad y pasar a antorcha a nuevos talentos llegan Gran Radio Riviera, Anakena (ganadores del Festival Nuevas Bandas 2018), Meera, El Otro Polo y La Fleur

Las entradas: El ticket dorado de Cusica «Wonka» Fest

Para entender el despelote de la compra de entradas es lo propio usar una analogía… no, ya va. No tengo permitido usar ESA analogía en particular aquí, creo. Seguimos. Comprar entradas fue como cualquier caída con raspón de rodillas por andar pendejeando: pica, pero con gusto. 

Te daban a elegir dos modalidades: el todo o nada de ambos días en un solo ticket, o comprar el día de tu preferencia. Los precios… bueno, allí es donde tenemos otra tormenta de arena. Venezuela hace tiempo se dolarizó, con el apagón de Marzo como impulsor final para hacer el cambio de usar divisas día a día para muchas personas. ¿Y creías que el Cusica Fest se iba a quedar atrás? Pues nada, que $25 un día, y $40 los dos en la pre-venta, a menos de 24 horas después del anuncio. 

Desde fuera y dentro del país se escuchó un corito indignado en redes sociales. “¿¡Es como la mitad de un Lolla!?”, “¡Con eso voy al concierto de artistas internacionales!” y un largo etcétera. Aunque quizá los peores fueron los que, en su actitud de soy-mejor-que-todos pretendían decirte que hacer con tu dinero. De esos hay muchos, pero la arena que se metió en los pantalones les llegó a ellos en dosis doble

Pero como el ticket dorado de Willy Wonka, fue difícil conseguirlas. ¡El primer día de venta fue el se agotaron en horas! Jamás pude hacer la compra por la web, me tocó ir a la boletería. Con la ventaja de compra por Eventbrite, y el hype de un evento, se esperaba la venta en modo flash.

Luego de la pre-venta salió la venta pautada para el lunes 19 de noviembre. Pude comprar en persona, y tuve la fortuna de solo tener que hacer una pequeña fila. En otros lugares, los compradores no tenían tanta suerte. Habían líneas enormes para pagar, todas con una pequeña sorpresa al llegar a la taquilla: una comisión por la compra. En el segundo día equivalía a $3 por la entrada de $30, y $5 por la entrada de $50. ¡Sorpresa, sorpresa! 

Muchos rumores corrieron sobre las siguientes ventas. Aumento de tickets el mismo día (desmentido por Cusica), ventas irregulares, problemas con entrega de tickets y demás. Luego de que estos pequeños focos de drama se apagaran, quedó un ruidito que cada vez se hace más fuerte… ¡¿Dónde carajos van a meter tanta gente?! Esto es un tema sensible en la historia reciente: viene a la mente el concierto de Neutro Shorty. Dejó victimas, destrucción de espacios públicos y un muy mal precedente para eventos musicales multitudinarios en pleno 2019.

Pero Cusica Fest no se rinde. La audiencia no conoce los detalles logísticos de ese tipo de eventos, y Cusica se ha estado probando recientemente. Con el Showcase de Anakena fresco en la memoria, no sorprende que se lanzaran algo de este estilo. Vienen con un poco de fuego en sus manos, y van por más a mayor escala. Y es que eso en general, es lo que caracteriza a Venezuela en este punto.

El reto más grande no es solo cientos de fans que llegarán a Caracas. Es mantener el espacio no solo cómodo, si no apto en una época en la que la lluvia acompaña las tardes de la ciudad. Esto sin contar el riesgo añadido de una locación no-tan-cercana y un sistema de comunicaciones un poco… técnicamente atrasado. La meta es lograr que llores, y no porque algo falle, si no porque la experiencia del evento te llegue. Que por dentro te conectes con el chamo que se emociona por ver la música que hace tus recuerdos. 

La meta del Cusica Fest es generar nostalgia, y hacerlo sin arena.

 

 

Aidnes Sánchez
Escritora y escuchadora de tiempo completo | Especialista en música en idiomas raros que no te gusta pero te entretiene

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