Entrevista con… Cayayo

Corría el año 1998. El pop-rock en Venezuela lo dominaba todo. Eso y el ska… yo, por supuesto, no me hacía eco de esa música para pubertos. Lo último es mentira. Me la pasaba en cuanto pogo se armaba por ahí, saltando y dando coñazos en los conciertos al ritmo de Desorden Público, King Changó, Cebollas Ardientes y demás. Claro, no solo escuchaba eso, me tripeaba todo lo que sonara por PUMA TV (nuestro MTV) y por emisoras de radio. Ese año fui al Nuevas Bandas, y me llevé una grata sorpresa viendo a unos carajos que se hacían llamar Tomates Fritos. Eran una vaina rarísima, un folk ahí todo intenso, no sé, pero me llamaron la atención y tocaron arrechísimo. Los terminé apoyando pero no ganaron. Qué ladilla. Típico. Por lo menos vi a La Leche en vivo, pfff qué bandón.

Al tiempito de eso, me entero de unos fulanos ciclos que haría Pepsi en el Teatro Nacional aquí en Caracas y me interesó mucho por la cantidad de bandas que irían. Miércoles Insólitos, me acuerdo que se llamaban aunque lo que no logro recordar es qué día exacto de la semana los hacían. El hecho es que me llegué a varios, y por ahí en septiembre le tocó el turno a los Tomates Fritos. La banda me había gustado burda desde que los vi en Junio en el FNB, por lo que cuadré con unos panas para ir. Justo ese día, cayó un mega palo de agua. Una vaina increíble. Yo de pana quería ir a ver a la banda, aparte de mi deseo no-tan-oculto de ir a farandulear y ver si por fin conocía en persona a Cayayo. Pero nada, el palo de agua no era normal.

Mis amigos no respondían en sus casas y cuando por fin contestaron me dijeron que no iba ninguno. Me arreché, y le pedí prestado el paraguas a mi mamá y salí, rumbo al metro. Llegué que si a Capitolio y me fui caminando hasta el Teatro. Estaba molesto y no quería agarrar camionetas ni nada. Llego, pago la vaina y me quedo esperando. Habían que si… 5 personas allí. En una de esas, veo que Cayayo sale de un pasillo y entra al auditorio como tal. Yo parecía quinceañera cuando lo vi, así que me acerqué a la sala pero un carajo de seguridad no me dejó entrar. Le jalé bolas para que me dejara pasar, le mostré la entrada y al final le dije que solo quería ver la prueba de sonido de Tomates porque eran mis panas. El carajo al final me dejó entrar con la advertencia de que al final de la prueba, entraría y me sacaría para acomodar la Sala. Fino, entro y justo los Tomates estaban hablando en tarima, no habían empezado.

Nunca había ido al Teatro Nacional y a pesar de su estado algo descuidado, me pareció arrechísimo. Habían unas 8 personas al frente del escenario así que decido acercarme. A medida que camino, veo la figura de Cayayo ahí mismito. Tomates había empezado a sacar sus instrumentos y cuando estoy a pocos pasos de la tarima escucho a Cayayo decir: “MARICO, ¿QUEJÉSTO? ¿QUÉ SON TODOS ESTOS EQUIPOS?” con una voz de sincera sorpresa. Y es que la banda portaba sendos instrumentos, de vieja data, casi que tesoros. Uno de los que más me llamó la atención fue el bajo Rickenbacker que lucían. Cayayo sube al escenario, y cruza algunas palabras con los músicos y… comienza a tocar con ellos. Yo estaba anonadado. Sorprendido. No me creía la vaina. Estaba viendo a este carajo, que era (y es) uno de mis ídolos musicales más admirados, tocar con unos chamos, casi desconocidos. Por el mero placer de hacer música, por ese vínculo que tenemos entre músicos.

Tocaron un rato y terminó la prueba. Tal y como dijo el guachimán, entraron y nos desalojaron de la sala para terminar de arreglar el sitio. Yo estaba casi que en éxtasis. No conocía a las demás personas pero todos salimos hablando de lo increíble que había sido el momento. Así pasamos el rato, habrán sido en total unas 20 – 25 personas las que estuvimos en el toque. Fue casi que íntimo. Ya cuando había empezado todo, veo a Cayayo por ahí, hablando con la gente, que al final eran músicos de otras bandas, a los que también conocí… farandulero que se respeta… en fin, estaría tocando La Hermandad cuando pude divisar a Cayayo solo y me fui hasta donde estaba. Nadie estaba sentado, habíamos tan pocas personas que estábamos todos al frente del escenario, o caminando por la sala.

Llego a donde está él y le toco el hombro. Él voltea, sonriendo y me saluda. Como si me conociera de toda la vida. Yo, más emocionado que carajita viendo a Servando y Florentino dedicarle una canción, lo abrazo y le digo casi al oído para poder conversar bajo el alto sonido de la música:

Mr. M: Hermano, muchísimo gusto en conocerte… verga tú eres un ídolo para mí mi pana, te sigo desde los inicios de Sentimiento, con Dermis, por supuesto y ahora con PAN.

CT: (sonriendo) Coño gracias chamo, de verdad, me alegra burda saber eso. Es depinga conocer a la gente que disfruta la música que uno hace, ¿sabes? Es burda de gratificante compartir así, jaja.

Mr. M: Marico me estás hablando y siento que no lo creo (risas), uno los ve a ustedes como inalcanzables y es arrecho, de pana que es arrecho.

CT: ¿Inalcanzables? No vale man, jaja, somos de carne y hueso nosotros los músicos, como tú, como yo. ¿Tú también eres músico verdad?

Mr. M: (sorprendido totalmente) … sí… o sea… no, o bueno sí, no sé. Me apasiona la batería y la toco cuando puedo, aunque no tengo una. Pero tengo mis baquetas y practico con ellas…

CT: ¿Ves? Eres músico man. Sientes la música como yo, como ellos allá arriba (señalando a la banda tocando en la tarima) y eso es lo importante. ¿Qué importa si no tienes ahorita una banda, o una batería en tu casa? Es lo de menos viejo. Yo por ahí en mi casa creo que tengo una batería vieja sin usar, si quieres te vendo esa vaina, jaja.

Mr. M: ¿QUÉ? ¿ES EN SERIO? NO VALE REY, NO JUEGUES CON MIS SENTIMIENTOS ASÍ WON (risas)

CT: (risas) Claro vale, te la vendo marico. Pásate por mi casa un día, yo vivo en Altamira y la armamos, y tocamos, hacemos un jamming ahí depinga, vacilamos y tú ves, si te gusta, te la llevas.

Mr. M: ¡ESTA VAINA TIENE QUE SER UN SUEÑO!

CT: No vale, qué sueño nada, relajado marico, te quiero ayudar. Sé que valorarás eso y es lo que aprecio. Creo en ti.

Mr. M: Compadre, qué increíble eres webón, de verdad gracias.

Cayayo se acercó a una persona que estaba detrás de nosotros viendo la presentación de la banda, le dijo algo, y la otra persona sacó un bolígrafo, luego regresó donde yo estaba y de su cartera sacó una tarjeta vieja, tan descuidada que no se veía qué decía. Procedió a anotar su número allí y luego me dijo que lo llamara la próxima semana allí y nos pondríamos de acuerdo.

Y así fue, recuerdo que cuadré con él, me buscó en la Plaza Francia estacionándose en todo el medio de la av. Francisco de Miranda, se baja de su carro, un Chrysler Neón ya viejo y se acerca a mí, me saluda con un abrazo y me dice que vayamos al carro. Llegamos a su casa y pasé todo el día con él, escuchando música, hablando sobre ella, sobre bandas, y luego tocamos. Totalmente mágico.

***

Corría el año 2016. Estaba yo en FOMEBar, en Santiago. Tenía la presentación con mi banda, tocaríamos nuestro primer disco en su totalidad, un año luego de haberlo lanzado, con el que conseguimos un éxito increíble, en el mismo bar donde lo estrenamos y bautizamos. Esa verga estaba full, hasta los teque-teques. Pero a lo largo del día, se presentaron varios peos con el backline, el ingeniero no llegaba, a Reynaldo el bajista se le había roto una cuerda y había tenido que salir corriendo a comprar un paquete, en fin. Todas las fucking plagas de Egipto en ese día. Llegó el momento de subirnos y sentíamos que todo iba a salir horrible, estábamos cagaísimos. Salimos y nos montamos, la gente eufórica y tal, saludamos y el vocalista empieza a hablar, sobre esos mismos peos, como para ir rompiendo el hielo con la gente, y yo desde la batería veía a un carajo arreglando unos cables de un ampli, estaba de espaldas pero sentía que lo conocía… veo que el vocalista está a punto de terminar de hablar y va a dar la seña para que comencemos, y justo en ese momento, vuelvo a voltear a ver el carajo y ya iba bajando fuera de la tarima. Cayayo volteó hacia donde yo estaba, sin dejar de caminar, me sonrió y me señaló su pulgar izquierdo hacia arriba. Por milésimas de segundo quedé vuelto mierda, no sabía ni en dónde estaba ni qué acababa de pasar. Y a la siguiente milésima, choqué las baquetas y comenzamos el concierto. EL TOQUE MÁS BRUTAL QUE HEMOS TENIDO HASTA AHORA.

Donde quiera que te encuentres Maestro… gracias.

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